Hace unas semanas, mientras caminaba por una céntrica calle de Madrid, vi a cuatro jóvenes en una terraza hablando muy acaloradamente. Estaba claro que no compartían el mismo punto de vista de aquello de lo que estaban hablando, y se iban quitando la palabra atropelladamente para defender sus ideas. Un poco más cerca, me llevé la sorpresa de que estaban hablando y discutiendo sobre Cervantes, sobre el Miguel de Cervantes que ha retratado Alejandro Amenábar en su película de ficción “El cautivo”. Al pasar junto a ellos, aminoré el paso y, con la excusa de mirar el interior de un escaparate, estuve un rato escuchando sus argumentos. Y sonreí. Y seguí mi paseo sonriendo. ¿Cuándo había visto a cuatro jóvenes hablar de literatura, de ficción, de tolerancia, de Cervantes en una terraza en medio de Madrid a las puertas de un nuevo otoño?
En estos meses, son varios los libreros que me han indicado que han aumentado las ventas del Quijote, y decenas las personas que me han confesado que quieren leer o releer una vez más alguna obra de Cervantes. Bueno, en realidad, todo me han hablado de la aventuras quijotescas, pero algo es algo. ¿Qué mejor homenaje le podemos hacer a un autor que leerle y releerle, que convertirle en parte de nuestra vida, de nuestros recuerdos, de nuestras experiencias? La literatura, la buena literatura, siempre es algo más que puro entretenimiento: es ese pedazo de vida que nos regala el autor y que se entrelaza con nuestros recuerdos o con las vivencias (y los diálogos) con los amigos, con la familia, con la pareja.
La increíble historia del autor menguante
Miguel de Cervantes, el más grande (e influyente) de los escritores de nuestra lengua española, no dejó de escribir -ni de leer- a lo largo de su vida. De leer, de escribir y de contar historias. No olvidemos que el “ingenio” era uno de los atributos que los escritores -y no solo- debían dominar en público para así ganarse un espacio en la competitiva corte de la Monarquía Hispánica. La corte política, pero también la corte literaria. No es casual que Cervantes llamara a su personaje “ingenioso hidalgo”. Pues nuestro Miguel, este Miguel que, de hacer caso a la dedicatoria al Conde de Lemos que saldría publicada al inicio del “Persiles” en 1617, es capaz de seguir escribiendo incluso después de haber recibido la extremaunción, se ha convertido en el mejor ejemplo de la “increíble historia del autor menguante”, de un autor de una sola obra: el “Quijote”, que ha terminado por eclipsar el resto de su producción literaria (llegando incluso al desprecio hasta hace bien poco de su poesía y el aún continuado de sus comedias). Escucho en estos días a un crítico cinematográfico en la radio que no le ha gustado “El cautivo” y dice sin pestañear: “¿Quién fue Cervantes? El hombre que escribió el Quijote”. Y, sin saberlo, es una pieza más de un engranaje de mitificación de Cervantes, que le ha terminado por alejar de la sociedad y, sobre todo, de los más jóvenes, y sobre, todo, que han reducido a nuestro autor a ser el creador de un único texto literario.
Cervantes es mucho Cervantes y Cervantes es mucho más que el “Quijote”, por más que estas dos obras (las novelas de 1605 y de 1615) hayan sido las que han marcado las coordenadas modernas de la novela en Occidente, y que su presencia sea universal. Sin duda, Miguel de Cervantes es el mejor embajador de la lengua española por todo el mundo, por más que sea un embajador mudo (¿quién lo lee hoy en día de manera habitual?) y empobrecido, reduciendo toda su riqueza literaria a un solo libro.
A este tema le dedico uno de los primeros capítulos de mi libro “Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de Oro” (Plaza & Janés), que es continuación de mi línea de investigación que comencé con la trilogía biográfica que publicó Edaf entre 2016 y 2019 (“La juventud de Cervantes”, “La madurez de Cervantes”, y “La plenitud de Cervantes”), donde mi objetivo es comprender al Cervantes-hombre insertándolo en esa época fascinante que son los Siglos de Oro, y Madrid como centro del mundo.
Una cosa es escribir como historiador y otra como poeta
Cervantes lo tenía claro. Los lectores de su época y los tratadistas literarios desde la época clásica también, siguiendo la senda de autoridad de Aristóteles. La cita es bien conocida pues aparece en el capítulo 3 de la segunda parte del “Quijote”: “Una es escribir como poeta y otro como historiador: el poeta puede contar o cantar las cosas no, como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna”.
Poeta (creador) o historiador (científico). Dos maneras de mirar un mismo objeto, un mismo tema, y con una distinta finalidad.
En estos días donde opinar se ha convertido en algo tan sencillo y cotidiano, he visto cómo los cervantistas de un día han proliferado como les sucede a las setas en un día lluvioso de otoño. Y todos opinan. Y de todo se opina. Incluso de aquello que no se ha visto o se ha leído. ¿Para qué profundizar en las trescientas páginas de mi “¿Cervantes íntimo” antes de emitir un juicio, tan pertinente y necesario como lo considere el “lector”? El “lector”, la persona que ha establecido un diálogo con las ideas allí expuestas, en mi caso, como cervantista, como biógrafo de Cervantes que lleva profundizando en el tema más de diez años; y en el caso de Alejandro Amenábar, como director de cine, como artista, como poeta.
Cuando en julio de 2023 entré en el proyecto de la película “El cautivo”, Alejandro Amenábar me mandó el guión ya terminado, en el que venía trabajando varios años. Y desde el principio disfruté con la complejidad de su arquitectura, con las líneas argumentales múltiples que surgen a partir de la “Novela del cautivo” que Cervantes escribió a la vuelta de Argel y que insertó luego en el “Quijote” de 1605; y cómo este amor a la literatura se intercala con varios intentos de fuga (que son también narrados por Cervantes en la “Información de Argel”), así como una filosofía de vida que se puede concretar en la frase: “i piccoli piaceri”, “los pequeños placeres”.
Pero, sobre todo, me gustó el hecho de mostrar al espectador a un creador, a un contador de historias -y a un ingenioso autor de intentos de fuga- en el mismo momento de su creación. La “Novela del cautivo”, tal y como luego aparecerá escrita en el “Quijote”, se va construyendo ante nuestros ojos como espectadores, pero también ante los ojos de sus primeros oidores, incluido el Bajá, que le indican a un joven Cervantes los fallos en su narración. Y la película termina mostrándonos una obsesión: la del autor que no quiere morir antes de encontrar un final, el final. La obsesión del escritor, del poeta, del creador. Quien lo probó, lo sabe.
Ha tenido que llegar Alejandro Amenábar en el 2025 para ofrecernos la primera gran película sobre Cervantes, que dialoga con el Cervantes hombre. Atrás quedó la serie de TVE en los años ochenta que es la mejor expresión del Cervantes-mito, y a 1988 para contar con la delirante película “Las gallinas de Cervantes”, basada en un cuento de Ramón J. Sender, donde encontramos a Miguel Rellán haciendo de Cervantes, como ahora en la película de Amenábar borda el papel del fraile Antonio de Sosa.
¿Se imagina alguien que los anglosajones hubieran esperado a 2025 para hacer una película sobre Shakespeare, uno de los escritores con una de las vidas más anodinas que uno pueda imaginar?
Y mientras siguen polémicas estériles, seguramente los cuatro jóvenes siguen discutiendo, siguen hablando, siguen haciendo que Cervantes forme parte de sus vidas. Esta es una de las grandes virtudes del arte: comunicar el conocimiento a la sociedad. ¡Bienvenidas mil y una películas sobre Cervantes, para seguir profundizando y difundiendo uno de los momentos más glorioso de nuestra historia, de nuestro arte y de nuestra literatura! ¡Bienvenido el arte para seguir disfrutando de un Cervantes escritor, de un Cervantes cada vez más vivo, más actual!
L'autore

-
José Manuel Lucía Megías (Ibiza, 1967) es un filólogo y escritor español, catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid. Nacido en 1967 en Ibiza, es catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid y titular de la Cátedra Cervantes de la Universidad Nacional del Centro (Argentina), y Padrino del Festival Cervantino de Azul (Argentina).Ha ocupado varios cargos académicos y de gestión, entre los que destaca el de Coordinador Académico del Centro de Estudios Cervantinos (desde el año 1999 hasta el 2014) y el Vicedecano de Biblioteca, Cultura y Relaciones Institucionales de la Facultad de Filología de la UCM (desde 2014 al 2022). En abril de 2017 ha sido nombrado Director de la Red de Ciudades Cervantinas, de la que es el promotor y durante los años 2022 y 2023 fue Presidente de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid. En la actualidad es Presidente de honor de la Asociación de Cervantistas y Director del Seminario Permanente UCM José Luis Sampedro. Ha sido Secretario-Tesorero y Vicepresidente de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval. Desde el año 2019 forma parte del Instituto de Estudios Madrileños y desde el año 2020 de la Academia Española de Artes Escénicas y del Instituto de Teatro de Madrid. Como Filólogo Románico, se ha especializado en libros de caballerías, crítica textual, humanidades digitales, la biografía de Cervantes y en iconografía del Quijote, siendo el director del Banco de imágenes del Quijote: 1605-1915. Lucía Megías ha sido comisario de una docena de exposiciones; cuatro de ellas en la Biblioteca Nacional de España: Amadís de Gaula (1508): quinientos años de libros de caballerías,12 del 9 de octubre de 2008 al 15 de enero de 2009, BNE: trescientos años haciendo historia, del 13 de diciembre de 2011 y del 15 de abril de 2012, "Coleccionismo cervantino en la BNE: del Dr. Thebussem al fondo Sedó, del 6 de febrero al 3 de mayo de 2015 y "Miguel de Cervantes: de la vida al mito" (1616-2016)", del 4 de marzo al 29 de mayo de 2016, la exposición más visitada de todas las que se han programado en la Biblioteca Nacional de España. Como traductor, ha traducido textos medievales ("Perceval" de Chrétien de Troyes y la poesía italiana de los orígenes), así como a los poetas Cesare Pavese y Mihai Eminescu. Como poeta, ha publicado una veintena de libros, siendo los últimos: Kabul (crónica de un silencio) (Huerga y Fierro, 2023) y El hombre que yo amo (Huerga & Fierro, 2025). En el año 2016, ha ingresado en la Orden Civil de Alfonso X El Sabio con la categoría de Encomienda por su labor de difusión de la vida y la obra cervantina. En julio de 2025 le han concedido el PREMIO DÁMASO ALONSO 2025 por la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid.
Más información: https://www.ucm.es/jmluciamegias


