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Isabella Tomassetti entrevista a Jaime Siles

Intervista in italiano

Jaime Siles (Valencia 1951) encarna una de las voces poéticas más originales y sugestivas del panorama literario español contemporáneo. Es doctor en Filología Clásica y ha sido catedrático de Filología Latina en las Universidades de La Laguna (Tenerife) y Valencia. Se formó en su ciudad natal hasta su traslado a Salamanca, donde terminó los estudios universitarios y se doctoró en Filología Clásica con una tesis sobre el léxico de las inscripciones ibéricas. Durante su periodo docente fue profesor visitante en numerosas Universidades europeas (Viena, Graz, Salzburgo, Bergamo. Turín, Ginebra, Berna, Florencia, Orléans, Clermont-Ferrand, Valle La Marne y en la École Normale Supérieure de Lyon) y en la estadounidense de Madison-Wisconsin. Asimismo, desde octubre de 1989 a septiembre de 2002 fue catedrático a tiempo completo en la universidad suiza de San Gallen.

Además de dedicarse a su especialidad, es decir a los estudios de filología clásica, la labor investigadora de Jaime Siles ha abarcado la poesía barroca española ‒con un volumen titulado El barroco en la poesía española: concienciación lingüística y tensión histórica (Madrid, Doncel, 1975; de la que hay tres ediciones) y una imponente antología titulada Paraíso cerrado: poesía en lengua española de los siglos XVI y XVII (Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2004)‒ así como a la poesía contemporánea, con una vivaz actividad de antólogo ( las antologías de Rafael Alberti, Ernestina de Champourcín y Clara Janés) y editor de varios tomos de la Poesía Completa de Rafael Alberti.

Su talante políglota y su vocación filológica lo llevaron a traducir poesía, teatro, novela y ensayos de varias lenguas europeas: inglés, francés, alemán, portugués, catalán, griego moderno e italiano. Muy valiosas son sus traducciones de Wordsworth y Coleridge, Celan y Baudelaire, sin olvidar la versión que preparó de los poemas del poeta italiano Franco Buffoni junto con Jesús Díaz Armas, Valerio Nardoni y Juan Carlos Reche.

Su producción poética es muy extensa y revela por un lado sus vivencias, por otro la impronta de su formación clásica y de su humanismo integral. El primer poemario, Génesis de la luz, remonta al año 1969 y delata la procedencia levantina del poeta, que se expresa en la exaltación del ambiente mediterráneo, en el que triunfan la luz del cielo y el azul del mar. A partir de entonces, la voz de Jaime Siles sigue dando vida a poemas recogidos en importantes poemarios como Biografía Sola (1971), Canon (1973), Alegoría (1977), Música de Agua (1983), Poemas al revés (1987), Columnae (1987) y a sus primeras antologías:  Poesía 1969-1980 (Madrid, Visor, 1982) y Obra poética 1969-1989. La Realidad y el Lenguaje (Alcalá de Henares, Servicio Municipal de Archivos y Bibliotecas, 1989). Su producción sigue con Semáforos, semáforos (1990) y El Gliptodonte y otras canciones para niños malos (1990). La labor poética de Jaime Siles es constante y sigue regalándonos nuevas entregas como las recientes Galería de rara antigüedad (Madrid, Visor, 2018), Un yo sin mí (Valencia, Olélibros, 2018) y Arquitectura oblicua (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2019).

El valor y la belleza de sus versos le valieron muchos premios y reconocimientos: el Premio Ocnos de Poesía, recibido en 1973; el Premio de la Crítica del País Valenciano y el Premio Nacional de la Crítica, ambos obtenidos en 1983; el Premio Internacional Loewe de Poesía en 1989; el Premio Internacional Generación del 27 en 1998; el Premio Teresa de Ávila en 2003 por el conjunto de su obra y el Premio Nacional de Poesía José Hierro en 2008. Entre los más recientes se señalan el Premio Andrés Bello por el conjunto de su obra (2017), el XXVIII Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma por Galería de rara antigüedad (2018) y el XXII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (2025).

Abordar la poesía de Jaime Siles significa emprender un viaje por la palabra reveladora, por la expresión eufónica, por un rico pero a la vez diáfano uso del lenguaje metafórico, por una experta y rotunda construcción prosódica de los versos.

Foto hecha por Ricardo Martín Siles (2019)

El lenguaje constituye el eje de la labor creadora de Jaime Siles, su principal preocupación. El poeta, como el místico, se sitúa entre el silencio y la palabra y se sirve de ella para intentar alcanzar lo inefable y conocer una realidad que está más allá de la dimensión sensible. Jaime Siles incide en la autonomía del texto poético, en su forma natural de nacer de un yo que se desprende de su propia realidad para convertirse en una persona poemática y crear algo que es único y no volverá a ser nunca más lo que ha sido en el momento de su creación. Siles define al yo poético como una cuarta persona gramatical, una máscara elocutiva que se identifica con un yo a la vez contingente y trascendente. Este dinamismo del yo poético, la fragmentación de su identidad, la ambivalencia de sus actos representan en definitiva las contradicciones de la vida, las inquietudes más profundas del ser humano, que el poeta vive en sí mismo y sabe captar y representar con lúcida exactitud. En la conferencia “Imaginación, inspiración, evasión”, decía Federico García Lorca que “la luz del poeta es la contradicción”. Creo que Jaime Siles, tanto en su creación como en sus reflexiones metapoéticas, ha sabido condensar este asunto con singular acierto, gracia y belleza.

¿De qué manera y en qué medida su actividad de filólogo clásico y estudioso de la literatura latina ha influido en su producción poética?

El conocimiento del latín y del griego en el Bachillerato me abrió unas perspectivas que al principio ignoraba, pero que determinaron tanto mi vida poética como mi vida profesional. Mi poema “De vita philologica” lo explica. Para mí la Filología Clásica ha sido una propedéutica que me ha hecho consciente tanto de lo que Roland Barthes llama “el kamasutra del lenguaje” como de lo que Ursula Bähler llama una Lebensform: una “forma de vida”; y no sólo porque a ella me haya dedicado como filólogo sino también ‒y diría que sobre todo‒ porque ella ha alimentado y conformado mi propia escritura poética. Siempre he leído a los antiguos como si fueran modernos y siempre he leído a los modernos como si fueran antiguos. Entre ellos hay vasos comunicantes que la lectura consciente nos hace descubrir. Sólo así llegamos a ser contemporáneos de nosotros mismos. De ahí que ‒aunque mi dedicación inicial fuera a la Filología Clásica, de la que he sido catedrático de Universidad desde 1983‒ también me haya dedicado a otras Filologías que me han ayudado a ampliar mi visión y mi mundo: sobre todo, mediante la práctica de la traducción.

El siglo XX fue una centuria crucial para la poesía española. ¿Con qué poetas tuvo más contacto y quiénes influyeron más en su escritura poética, sobre todo en la fase juvenil?

En mi adolescencia me interesaron de manera especial los poetas de la generación del 27, con algunos de los cuales tuve trato, como Rafael Alberti, al que visité en 1969 en su casa de Roma, y Vicente Aleixandre, que fue uno de mis maestros y un generosísimo mentor. A Jorge Guillén no lo conocí personalmente, aunque nos escribimos, y su poesía pura me atrajo por lo que tenía de perfección esférica y a la vez de europeidad, algo que en la España del franquismo, tan autofágica, escaseaba  y mucho. Por la misma razón constituía un ejemplo de búsqueda de fuentes foráneas y de conocimiento de otras literaturas Luis Cernuda, cuyos libros del periodo surrealista y , luego, Las nubes, Vivir sin estar viviendo y Desolación de la quimera me parecieron –y me siguen pareciendo‒ paradigmas a seguir (siempre, claro, que se tomen como punto de partida y no, como algunos han hecho, como punto de llegada). Otros poetas que puedo considerar también como maestros míos, aunque de muy distintos modos, fueron Juan Gil-Albert y Manuel Álvarez Ortega: ambos  fueron para mí un modelo de escritores morales y fieles a sí mismos, consagrados por entero a las exigencias impuestas por el rigor de su propia obra y ajenos a la política literaria imperante.

¿Cuál ha sido, a lo largo de su trayectoria creativa, la relación entre las vivencias personales y la escritura? ¿Y cuál es el poemario que más revela la conexión entre ellas?

Vida y escritura no son compartimentos estancos sino correlativos y solidarios entre sí. De modo que la una no se pueda explicar sin la otra, y al revés. En mi escritura –por mucho componente intelectual que pueda haber, y lo hay‒  el arranque es siempre vital, pues es la vida lo que le sirve de soporte. Y esto es algo que en todos mis libros está presente: en Canon está sintetizada mi adolescencia; en Alegoría, mi etapa de becario e investigador en Alemania; en Música de agua,  los años finales de  mi juventud y la angustia y desesperación que los acompañaba; en Columnae, el inicio de mi madurez. Pero son  Himnos tardíos y  Doble fondo los libros en que la experiencia vital y la poética están tal vez  mejor objetivadas.

En su producción abunda la reflexión metapoética y destaca la búsqueda de un lenguaje revelador, de una palabra que desvela. Se percibe, en suma, la noción de la poesía como forma y vía de conocimiento. ¿Qué es la poesía para Jaime Siles y cuál es el poema que mejor representa su concepción de la misma?

Me considero un poeta de pensamiento en la medida en que la reflexión lingüística y filosófica condicionan la indagación metapoética. Por eso la definición que mejor le iría es la de poeta metafísico en el sentido que desde Grierson hasta hoy viene dándosele en la crítica anglosajona y que podría incluir no sólo a algunos poetas ingleses del Siglo XVII sino a Quevedo y a T.S. Eliot también.  Esta concepción está tan en el centro de mi obra poética y crítica que me resulta por completo imposible indicarle un poema mío que sea el que mejor lo represente, pues en todos –en todos, creo‒ esa concepción está. Pero si tuviera que elegir uno que, de manera más paradigmática lo refleje, sería “Ars Poetica”  de Doble fondo, donde está expreso en forma de fragmentos.

En su opinión, ¿cuál es la misión del poeta en el siglo XXI?

Es difícil, por no decir imposible, decir cuál es la misión del poeta en el Siglo XXI, pues el lirismo ‒como lo definió Pierre Grimal‒ es una materia susceptible de recibir formas variadas puestas al servicio de intenciones múltiples. En mi caso, sean cuales sean esas formas variadas ‒que nunca son ni una sola ni la misma‒ tienen como objeto mantener la capacidad gnoseológica del lenguaje, mantenerlo en estado de marcha, como se dice de los relojes: esto es, en perfecto funcionamiento y capaz siempre de conservar y enriquecer su representación verbal del mundo y, por lo tanto, de seguir siendo un alfabeto de la realidad. La poesía es –no se olvide‒ la forma  más directa de llegar a uno mismo.

Usted es políglota y ha traducido al español poesía escrita en varias lenguas europeas (alemán, inglés, francés, italiano, catalán, portugués, griego moderno). ¿En qué aspectos el ser poeta facilita la traducción y de qué forma puede constituir un obstáculo?

He traducido poesía, ensayo, teatro y  novela de nueve lenguas: griego clásico, griego moderno, latín, francés, inglés, alemán, italiano, catalán y portugués. La traducción ‒una enseñanza derivada del aprendizaje de las lenguas clásicas, en las que todavía es donde mejor se practica‒  es un ejercicio muy conveniente para todo aquel que quiera ser poeta, pues, por un lado, nos hace ponernos en la situación de otro, cuya obra debemos hasta en sus más mínimos detalles conocer, y, por otra, nos pone  frente a nosotros mismos al tener que verterla a nuestro propio idioma: un tour de force, en el que siempre hay matices que se pierden, pero también caminos perdidos que se encuentran. El poeta Bernardo Clariana decía en uno de sus aforismos que “Los idiomas se besan en el doblaje”. No sé si en el doblaje sí y en la traducción no. Pero en ésta el beso debe ser lo más casto y castizo posible: no debe traicionar el texto que se traduce, pero tampoco violentar la lengua a la que se traduce. Ha de encontrar un fiel equilibrio entre las dos, porque la traducción es como la segunda manera de ser de un texto, y un texto tiene tantas formas posibles como las que, al traducirlo, cada lengua a la que se  traduce le pueda dar.  No hay, pues, traducciones canónicas: todas son generacionales, porque están sujetas al tiempo, gusto y época del traductor. De ahí que cada generación tenga que traducir de nuevo a los clásicos, pues ésta es la única forma de hacerlos suyos y apropiárselos. La traducción es una fuente de problemas, pero también una mina a la hora de buscar una solución que no será  tampoco  la definitiva.

¿En qué proyectos está trabajando actualmente?

Tengo un libro de poemas terminado y otro, aún en proceso de creación. Acaba de publicarse Sonidos de otras lenguas, un libro de más de mil páginas sobre poesía extranjera y tengo en prensa otros dos más de ensayo: Pluralidad de la forma, estudios sobre la poesía española del Siglo XX, y Literatura y Antigüedad, en el que recojo una selección de estudios sobre literatura griega y latina.

 

 

L'autore

Isabella Tomassetti
Isabella Tomassetti è docente di Letteratura Spagnola all’Università di Roma “La Sapienza”. Si è formata presso lo stesso Ateneo conseguendo il dottorato di ricerca in Filologia romanza con una tesi sul villancico cortese per la quale ha ottenuto, nel 2002, il “Premio Internacional de Investigación Juan Alfonso de Baena”. È specialista in poesia castigliana dei secoli XV e XVI, ambito sul quale verte la maggior parte della sua produzione scientifica. Fra le sue principali pubblicazioni si segnalano “Mil cosas tiene el amor”. El villancico cortés entre Edad Media y Renacimiento (Kassel, Reichenberger, 2008) e “Cantaré según veredes”. Intertextualidad y construcción poética en el siglo XV (Madrid-Frankfurt, Iberoamericana-Vervuert, 2017). Più recentemente ha lavorato sulla poesia di Fernando de Herrera e su quella di Diego de Valera, di cui sta preparando un’edizione critica. Si è dedicata anche ad autori contemporanei come Miguel de Unamuno e María Zambrano e, più recentemente, ad Antonio Colinas, del quale ha curato e tradotto un’antologia di poesie (Antonio Colinas, Tutta la luce del mondo, Forlì, CartaCanta, 2024) e ha prologato una nuova edizione di Sepulcro en Tarquinia (Antonio Colinas, Sepulcro en Tarquinia, Madrid, Siruela, 2025) pubblicata in occasione del cinquantenario del libro.