La historia de la literatura se compone de textos, pero también de libros entendidos como objetos materiales que han atravesado los siglos, llevando las huellas de sus lectores, propietarios y de las comunidades que les dieron vida. En ocasiones, estas huellas resurgen en las bibliotecas y abren nuevas perspectivas sobre la circulación de la cultura. Tal es el caso de Perugia, que se confirma como un enclave privilegiado para la historia del libro antiguo, también en el ámbito hispánico. Tras poco más de una década del descubrimiento de los pliegos sueltos identificados en la Biblioteca Augusta por el difunto Víctor Infantes, una nueva investigación ha sacado a la luz, a escasa distancia física, un testimonio de extraordinario interés: un volumen conservado en la Biblioteca Capitular Dominicini, integrada en el conjunto monumental de la catedral de San Lorenzo.
Protegido por una sobria encuadernación de cartón, cuyo lomo presenta la inscripción manuscrita Raccolta di Poesie e Comedie Spagnuole, posteriormente enmendada para suprimir la referencia a la poesía, el volumen se revela como una colección íntegramente dedicada al teatro barroco. Está compuesto por diecinueve comedias sueltas, impresas en su mayoría hacia mediados del siglo XVII. Para valorar adecuadamente este hallazgo conviene considerar el dinámico y enredado sistema editorial del Siglo de Oro. Junto a las grandes colecciones de autor —las llamadas Partes, que reunían doce comedias y se dirigían a un público acomodado—, lectores y compañías teatrales optaban por un formato más ágil, económico y flexible: la comedia suelta. Se trataba de la impresión de una única obra, generalmente en pliegos sin encuadernar y de bajo coste. Este tipo de producción se inscribe en el fenómeno más amplio de la literatura de cordel, constituida por hojas exhibidas por vendedores ambulantes en plazas y, en ocasiones, recitadas o cantadas por ciegos itinerantes ante un público frecuentemente analfabeto.
Desde el punto de vista filológico, las sueltas constituyen una tipología especialmente compleja. A menudo carecen de datos tipográficos esenciales, como lugar o fecha de impresión, lo que obliga a recurrir al análisis de elementos materiales: la medición de tipos, el estudio de los adornos xilográficos y la observación de la evolución de los hábitos ortográficos de los compositores. Esta aparente marginalidad las convierte, sin embargo, en una fuente de gran valor para reconstruir la transmisión textual, identificar variantes y comprender los circuitos reales de difusión.
El volumen de Perugia refleja plenamente esta realidad. El examen directo ha permitido corregir un dato previamente aceptado: no son dieciocho, sino diecinueve las comedias que integran la colección, entre ellas obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca y Francisco de Rojas. El conjunto presenta claros indicios de intensa circulación y de un uso material descuidado: algunas piezas han perdido sus hojas iniciales y una numeración manuscrita continua, añadida antes de la encuadernación definitiva, revela lagunas significativas. En cuanto a su configuración original, faltan al menos cinco comedias, lo que sugiere intervenciones posteriores de desmontaje y recomposición, prácticas habituales en el mercado librero de la época.
El análisis de la arquitectura tipográfica dibuja un flujo continuo de textos que conecta las imprentas cortesanas madrileñas —como la de Diego Díaz de la Carrera— con las sevillanas de Juan de Osuna. Especial relevancia adquieren dos notas manuscritas, fechadas en 1670 y atribuibles a un antiguo propietario. En ellas se documenta el paso por Perugia de una compañía teatral patrocinada por la reina Cristina de Suecia: se identifican los actores, se describe su itinerario hacia la Toscana y se denuncia el robo de dos comedias del volumen, sustraídas por el jefe de la compañía con la promesa —nunca cumplida— de restituirlas. Este testimonio no solo proporciona un terminus ante quem para la impresión de las obras, sino que ofrece una imagen concreta de las formas de apropiación y reelaboración del teatro español por parte de las compañías italianas.
Paralelamente, la investigación archivística se está orientando a identificar al propietario del volumen y, en su caso, al autor de la nota manuscrita. La Biblioteca Capitular Dominicini fue fundada a finales del siglo XVII gracias al legado del erudito sacerdote perusino del que toma su nombre, quien donó a la catedral su vasta biblioteca y expresó en su testamento el deseo de preservarla de la dispersión. Hoy, ese proyecto de conservación se traduce en una nueva oportunidad de estudio.
Las obras conservadas en el volumen plantean cuestiones ecdóticas de notable interés, especialmente en comparación con las colecciones de autores del Siglo de Oro y con los repertorios, impresos y digitales, de comedias sueltas disponibles en la actualidad. Los primeros resultados de la investigación, junto con el catálogo detallado de las diecinueve piezas, se presentarán próximamente en un artículo especializado, que constituirá el avance de un proyecto más amplio destinado a culminar en una monografía.
L'autore

- Marco Paone è docente di lingua spagnola e traduzione presso l'Università degli Studi di Perugia, dove ricopre anche il ruolo di condirettore del Centro di Studi Galeghi. I suoi principali interessi di ricerca comprendono la didattica e la storia della lingua spagnola, oltre a questioni di traduzione, storiografia letteraria e letteratura comparata relative ai contesti iberico, ispanoamericano e italiano. Come traduttore, ha curato l'edizione italiana di opere di Santiago Ramón y Cajal, Lois Pereiro, Uxío Novoneyra, Berta Dávila, Ismael Ramos e Teresa Colom.
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